José Joaquín Valenzuela Levi, "Ernesto"



La historia de José Joaquín Valenzuela Levi, el “comandante Ernesto”, es una perfecta síntesis del papel de Europa Oriental en el nacimiento del FPMR. Antes de comandar el atentado contra Augusto Pinochet en 1986, este hombre aprendió marxismo-leninismo en Alemania Oriental y se formó militarmente en Bulgaria. Este país fue la cuna de los oficiales mejor instruidos del FPMR: los “búlgaros”, considerados los comandos de elite del aparato militar del PC.

Nacido en Santiago en 1958, y pese a tener militancia comunista, Valenzuela Levi vivió su infancia en Estados Unidos, hasta donde se había trasladado junto a su madre, la geóloga Beatriz Levi. Allí aprendió perfectamente el inglés y de regreso a Chile estudió en el exclusivo colegio Nido de Águilas.

Luego del golpe militar de 1973, su familia nuevamente debió salir al extranjero. Su primera escala fue Alemania Oriental. Allí, a la edad de 17 años ingresó a la escuela de cuadros de Wilhelm Pieck, abierta por el gobierno alemán para entrenar militarmente a los jóvenes exiliados chilenos. En esa escuela fue bautizado como “Ricitos” por su pelo crespo.

En septiembre de 1977, el ex diputado comunista Gilberto Canales le propuso ingresar a la Escuela Militar de Bulgaria para formarse durante cinco años como oficial de tropas generales. Valenzuela Levi aceptó, y junto a otros hijos de exiliados chilenos se trasladó hasta la ciudad de Sofía. Tenía 19 años.

Cuando en 1981 los “búlgaros” egresaron, el ex senador comunista Orlando Millas les pidió personalmente que se integraran al dispositivo militar del PC en Cuba. Sólo 13 de los 30 oficiales aceptaron, entre ellos Valenzuela Levi, quien al llegar a la isla se convirtió en instructor militar y adoptó el nombre de “Rodrigo”. A pesar de ser el más joven, era el líder indiscutido de los “búlgaros”. Un ex compañero de armas lo describe como “el mejor oficial del grupo”.

En Cuba, Valenzuela contrajo matrimonio con la medico militar chilena Avelina Cisternas, con quien tuvo un hijo.

Luego de su preparación en la isla caribeña, Valenzuela Levi y otros “búlgaros” partieron a Nicaragua en 1983, como parte de los seis Batallones de Lucha Irregular (BLI) conformados por chilenos para combatir a la guerrilla “contra”, apoyando la lucha del Ejercito Sandinista. Asignado como instructor en el Frente Norte, se enamoró de una joven nicaragüense y rompió su matrimonio con Avelina Cisternas. Cuando el partido le prohibió trasladar a su nueva esposa a La Habana, estuvo a punto de renunciar a su carrera. El PC tuvo que ceder.

En 1984 y con la nueva perspectiva del surgimiento del FPMR en Chile, decidió reingresar clandestinamente al país. Integrado de lleno al Frente Patriótico, no tardaría en consolidarse como uno de los seis máximos jefes del naciente movimiento, logrando el grado de “comandante” y adoptando el nombre de “Bernardo”. Poniendo en práctica toda su experiencia, se dedicó a organizar escuelas de instrucción clandestinas, y se desempeñó como formador de las “Unidades Territoriales de Autodefensa” en las poblaciones populares.

Luego de una vertiginosa carrera, en mayo de 1986 el FPMR le asignó la misión más importante que hasta ese momento emprendía la organización; comandar el atentado contra Augusto Pinochet, en la llamada “Operación Siglo XX”. Valenzuela aceptó la tarea, asumiendo el hecho de morir si fuese necesario, y debiendo transmitir a sus subordinados la misma disposición. Para la delicada tarea, adoptó el nombre de “comandante Ernesto”. Hasta hoy, ex compañeros de armas se preguntan cuál fue su responsabilidad en los errores que llevaron al fracaso de la misión, llevada a cabo el 7 de septiembre de ese año.

Un año después del atentado, el PC decidió “intervenir” al FPMR, reemplazando a la mitad de sus “comandantes” -entre los que se encontraba Valenzuela Levi- por hombres de su confianza. Pero “Ernesto” no alcanzaría a palpar el quiebre.

La madrugada del 16 de junio de 1987, José Joaquín Valenzuela Levi murió acribillado junto a otros seis rodriguistas, en un operativo de la CNI que sería conocido como la “Operación Albania”.

En la investigación judicial por estos hechos se concluyó que Valenzuela Levi había sido detectado desde hacia varios días por funcionarios de la CNI, quienes lo conocían bajo el apodo de “Rapa Nui” pues habían ubicado su domicilio en una calle con ese nombre.

El día de su muerte, el “comandante Ernesto” fue detenido alrededor de las 16 hrs, cuando abandonaba una casa de seguridad en el paradero 21 de Vickuña Mackenna, desde donde había salido en compañía de Ricardo Rivera Silva, quien también fue detenido. Valenzuela y su compañero sólo levantaron sus manos y no opusieron resistencia al arresto.

Posteriormente fueron trasladados al cuartel Borgoño, donde ya habían otros 5 frentistas. A las 5 de la madrugada del día 16 de junio todos fueron conducidos a una casa abandonada de calle Pedro Donoso, en Recoleta, donde fueron ejecutados.

Respecto a las circunstancias de la muerte del “comandante Ernesto” se obtuvieron importantes detalles luego de las declaraciones de los agentes involucrados. Uno de ellos, el capitán Manuel Morales Acevedo indicó; “Llegué a la casa conduciendo a los dos sujetos que me habían asignado, uno de los cuales era “Rapa Nui”. Lo entramos a la primera pieza, hasta donde llegó otro detenido más. Allí “Rapa Nui” quedó de rodillas sobre una colchoneta, estaba vendado pero no esposado y no opuso ninguna resistencia. Al parecer estaba resignado. Una vez iniciado el tiroteo, el capitán Ivan Cifuentes le disparó tres o cuatro tiros, los que lo derribaron inmediatamente, y le gritó a otro agente que hiciera lo mismo, el que disparo otro tiro casi sin mirar al sujeto”.

El capitán de inteligencia Krantz Bauer indicó que el había ordenado el arresto de Valenzuela Levi, para su posterior interrogación, pero no con la intención de matarlo. Esta medida, según Bauer, fue adoptada en ese momento por los altos mandos, situación que lo sorprendió. Incluso confesó que hasta ese momento desconocía que se trataba del mismísimo “comandante Ernesto” -información que obtuvo después que éste había muerto- ya que antes solo presumían que era importante dentro del FPMR por el nivel de contactos que tenía.

En 1989 desde Suecia, su madre hizo llegar a la revista “El Rodriguista” el siguiente relato: “Cuando niño, le pregunté a mi hijo que cómo había aprendido a ver las injusticias y a sufrir por ellas, y él me contestó que yo se lo había enseñado. No me arrepiento y me siento orgullosa de habérselo enseñado. El futuro de mi hijo, podría haber sido un camino fácil, sin problemas y sin preocuparse de los demás: un profesional viviendo en Chile, en Santiago, en una casita del barrio alto con un jardín con begonias, y preocupándose solamente de su éxito profesional y de la felicidad de su familia. La explicación de por qué el camino elegido por ese niño, después adolescente y ya adulto no fue un camino fácil y egoísta, nació en Pepo –como cariñosamente le llamábamos- cuando niño ya que, aunque introvertido y tranquilo, no podía soportar la injusticia. A los 6 años tuvo de repente la vivencia de la injusticia, de que había mucha gen te que no tenía las mismas oportunidades que él, y sobre todo de que había mucha gente que tenía hambre y que alrededor de esa gente otra gente vivía tranquilamente sin verlo que pasaba o no queriendo ver lo que pasaba. Esa constatación, esa vivencia, se reflejó en un grito: "Pero Mamy, y por qué nadie hace nada!!". A los l5 años y después del golpe militar dijo en un grito callado, con una seguridad de hombre, esta vez tranquilo y seguro de su decisión: "Voy a tener que repensar mi vida". El camino que eligió fue el de una entrega total para terminar con el sufrimiento de una mayoría sabiendo que corría el riesgo de dar su vida por aquellos que iban a vivir después de él y sintiendo conscientemente que ese riesgo si valía la pena. Estoy segura que si pudiera hablar después de muerto diría en otro grito: "En nuestras manos está el cambiarlas".

Al momento de su muerte José Joaquín Valenzuela Levi tenía 29 años.